Éste podría ser el texto de cualquiera de los anuncios de prostitución que llenan las páginas de los periódicos (salvando honrosísimas excepciones como Público y 20 Minutos) de todas las orientaciones políticas, morales, territoriales, etc.
Tras esas líneas de publicidad se esconden, en la mayoría de los casos, situaciones humanas intolerables. No me extenderé sobre ello porque es de sobra conocido. La prostitución se ejerce, casi siempre, en el marco de una relación de extorsión y a través del control de redes profesionales de tráfico de seres humanos y/o proxenetismo. Por eso las falsas “Elenas” no son más que el señuelo de una empresa que se nutre de los beneficios devengados del comercio de mujeres.
Que los grandes periódicos españoles -y extranjeros, desde luego- facturen millones de euros sirviendo de soporte publicitario a ese cruel negocio es una inmoralidad sin paliativos.
Lectura completa en Elena Valenciano